El cerebro de los niños muy inteligentes parece desarrollarse de una
manera diferente que los distingue de los niños con un nivel de
inteligencia media o normal.
Al parecer la corteza de los cerebros de todos los niños espesa a
medida que crecen y, a continuación, se adelgaza durante los años de la
adolescencia. Pero la corteza de los niños con un coeficiente
intelectual de entre 121 a 149 se ha visto que crece más lentamente que
las de los niños con una inteligencia normal, alcanzando su espesor máximo a los 11 años, en lugar de la edad 6.
El hallazgo se basa en un estudio realizado a 309 niños de Bethesda,
Maryland. Desde 1989, en un proyecto iniciado por Judith Rapoport, del
Instituto Nacional de Salud Mental de EE UU, se les practicaron
escáneres cerebrales con regularidad utilizando resonancias magnéticas.
El estudio es el primero en tratar de medir si las diferencias en el
desarrollo del cerebro están vinculadas a la inteligencia, según los
investigadores del Instituto Nacional de Salud Mental.
Los escáneres mostraron que los niños con los más altos coeficientes intelectuales
comenzaron con una corteza relativamente delgada – la capa exterior
plegable del cerebro que está involucrada en el pensamiento complejo –
que creció rápidamente y se engrosó antes de llegar a un pico máximo,
para luego empezar a adelgazarse rápidamente, según Philip Shaw, el
investigador principal. Los niños de inteligencia promedio en cambio,
tenían una corteza más gruesa alrededor de los 6 años, pero alrededor de
13 era más delgada que la de los niños de inteligencia superior.
El estudio ha sido el hallazgo más definitivo hasta la fecha de una relación entre las características físicas del cerebro y la inteligencia. Esta relación ha sido durante mucho tiempo una especie de santo grial para los científicos.
“Los estudios sobre el cerebro nos han enseñado que las personas con
un CI más alto no tienen cerebros más grandes”, dijo el Instituto
Nacional de la Salud Director Elias A. Zerhouni en un comunicado, pero
“gracias a la tecnología de imágenes cerebrales, ahora podemos ver que
la diferencia puede ser en el camino se desarrolla el cerebro “.
“Me sorprendió que la relación entre la inteligencia y la estructura
del cerebro cambia tanto como un niño crece”, dijo Shaw. “En la primera
infancia, los niños más inteligentes tenían una corteza más delgada –
esto es lo contrario de lo que cabría esperar por la infancia tardía, el
patrón había cambiado por completo.”.
Hace tiempo que se sabe que la corteza se hace más delgada en la
adolescencia, presumiblemente debido a las células cerebrales, las
neuronas y las conexiones que no se están utilizando. Pero el nuevo estudio encontró que la corteza continúa espesándose en niños superdotados hasta alrededor de 11 ó 12 años,
mucho más tarde que en los niños de inteligencia promedio, cuyo
engrosamiento cortical empieza a declinar a los 8 años “Es casi como las
mentes más ágiles tienen la corteza más ágil “, agregó Shaw.
Richard J. Davidson, experto en imágenes del cerebro en la Universidad de Wisconsin en Madison, dijo que el
hecho de que la región del cerebro está estudiando es altamente
maleable sugiere que la experiencia y las señales ambientales pueden
jugar un papel muy importante en la formación de la inteligencia.
Aunque la diferencia entre niños inteligentes y niños no tan
inteligentes es a menudo evidente en entornos sociales, académicas y
psicológicas, ha sido extremadamente difícil identificar los mecanismos
cerebrales que permiten a algunos niños para sobresalir, por ejemplo, en
la lectura, la escritura o la aritmética.
Los investigadores creen que el cerebro de los superdotados es más moldeable o modificable
También comenta Shaw que “Los niños pueden heredar ciertos genes que
les inclinan para interactuar con su entorno muy estimulante”. Esta
estimulación entonces podría influir el desarrollo del cerebro… Lo que
es menos probable que la idea de que nacemos con un determinado conjunto
de genes que determinan al nacer nuestra inteligencia y la trayectoria
de nuestro desarrollo cerebral.”
La naturaleza de este estos resultados todavía se desconoce, por lo que en conclusión, podemos decir que todavía
no sabemos si los niños son muy inteligentes porque su cerebro madura a
un ritmo distinto, o su cerebro madura a un ritmo diferente porque son
muy inteligentes. He aquí la gran incógnita…
miércoles, 5 de agosto de 2015
Los sutiles límites entre la cordura y la locura: El famoso experimento Rosenhan
Hay algunos experimentos que ponen en jaque los métodos actuales de diagnóstico en salud mental
El experimento:
El experimento de Rosenhan fue simple en su idea de base, pero genial en el efecto y logros que consiguió. El experimento consistió en reclutar personas que gozaban de cierto estándar de salud mental, y convertirlos en un grupo de “pseudo-pacientes”. El propio Rosenhan y sus colaboradores, quienes representaban diversos perfiles, se hicieron admitir en doce hospitales psiquiátricos en varios estados de Estados Unidos, nuevamente de las más variadas condiciones (por ejemplo hospitales con poca demanda, hospitales saturados de pacientes, hospitales con poco personal, y hasta un hospital privado de alto prestigio).
Foto: Internet
Todos
los pacientes tenían la instrucción de decir que habían oído una voz, y
cuando les preguntaran qué decía esta voz debían responder: “Vacío”,
“hueco”, o que oían el sonido de un golpe seco. Este “síntoma” fue
elegido debido a la similitud o referencia que puede tener con una
pregunta o conflicto de tipo existencial, y además por el hecho de que
los investigadores no fueron capaces de encontrar evidencia alguna en
toda la literatura de una psicosis o locura de estas características.
Este síntoma, la alteración del nombre del “paciente” y su profesión
fueron los únicos cambios que se hicieron a la hora de la presentación
en el hospital. Los pacientes mantuvieron sus “personalidades” e
historia personal a la hora de ser entrevistados por el personal y los
médicos de los establecimientos.
¿Cuál era el objetivo? Poner a
prueba los métodos de ingreso de los establecimientos y la capacidad de
los profesionales de la salud mental que trabajaban en los mismos. La
idea original era que estos “pseudo-pacientes” comprobarían si eran
admitidos dentro del servicio a pesar de su falsa sintomatología, y
luego daría paso la parte más importante de la investigación.El estigma de la enfermedad mental
Este próximo paso consistió en que una vez admitidos, debían reportar mejoría, comenzar a demostrar sentirse bien, y haber dejado de experimentar los síntomas mencionados. Al hacer esto, los participantes se encontraron con la enorme sorpresa de que no los dejaban salir. Para el personal médico y administrativo, estas personas seguían siendo enfermos mentales, trastornados, que necesitaban estar internados en la institución (en tratamiento y medicamentados). A pesar de los esfuerzos por salir, todo intento de mostrar “sanidad” era interpretado como parte o síntoma de su enfermedad. Por ejemplo, muchos de los “pseudo-pacientes” tomaban notas de sus rutinas diarias e indicaciones médicas como parte de su experiencia, lo que muchos de los médicos interpretaban como parte de su patología, y en su defecto como algo indigno de ser tomado en cuenta.
Por otra parte, muchos de los “enfermos” que estaban ya internados en la institución sospecharon desde un principio de los “pseudo-pacientes” porque no actuaban como enfermos, y por ejemplo pensaron que eran periodistas o investigadores basándose en la cantidad de notas que tomaban. A pesar de todo esto, muchos “pseudo-pacientes” no fueron “liberados” pasados varios meses de internación.
Conclusiones
Las conclusiones de este experimento son muchas, la primera y la más mencionada es la dificultad de hacer buenos diagnósticos psicológicos y psiquiátricos. Este estudio puso en marcha muchos cambios en la concepción y la academia de la psicopatología. En segunda instancia, este estudio también demuestra y nos advierte a los profesionales que somos susceptibles de dejar que el contexto y juicios previos nublen nuestra capacidad de observación, por ejemplo, no poder ver a personas saludables detrás de la idea deque son enfermos. Sin embargo, lo más importante para Rosenhan era el tamaño del estigma que genera ser etiquetado de “enfermo mental”.
Estas personas sanas fueron privadas de libertad por la idea de que padecen una enfermedad mental, por lo demás, no observable ni en sus palabras o en su conducta. Estas personas dejaban de ser personas, y pasaban a ser pacientes psiquiátricos, aún cuando la enfermedad estaba dada por el rótulo que les fue impuesto. De hecho las personas al ser dadas de alta conservaban su diagnóstico, por ejemplo:“esquizofrénico en remisión”.
¿Les interesa saber una última parte interesante del experimento? Otro hospital desafió a Rosenhan a volver a intentar el experimento, esta vez para probar que si sabiendo que existen “pacientes falsos”, el personal era capaz de detectar a los falsos y admitir a los enfermos reales. De casi 200 pacientes, el personal de este hospital calificó a 41 de ellos de ser “pseudo-paciente” con un alto grado de confianza, al menos 23 de ellos fueron detectados por médicos psiquiatras. Lo interesante de este resultado es que Rosenhan no envió a ninguno de sus “pseudo-pacientes” a este hospital.
Me parece indispensable que este tipo de experimentos existan y se repliquen en los sistemas de salud a los que nos acogemos. No porque sospeche de la mala intención de los mismos o de los profesionales de la salud mental, tampoco porque tenga un afán revolucionario de echar abajo las instituciones y el trabajo de los demás, no. La razón es porque, como todo otro ámbito de nuestra sociedad, la salud mental está a cargo de individuos que también son humanos, también cometen errores, y que también forman parte de sistemas y contextos que los llevan a hacerlo. Por lo mismo es importante mantenerse revisando el propio trabajo, revisando los propios errores, y enmendándolos en la medida de lo posible.
¿Por qué fracasan las relaciones de pareja?
Una
ruptura sentimental es algo natural ya que forma parte de las
experiencias de un adulto. Sin embargo cuando esta vivencia se vuelve
algo repetitivo en el tiempo es necesario entender las causas.
Para responder a esta pregunta es necesario que distingamos al menos dos etapas que suceden dentro de las relaciones de pareja. La primera es la etapa del enamoramiento o pasión que se caracteriza por ese sentimiento que muchos describen como “mariposas en el estómago”, se desencadenan cambios fisiológicos importantes al estar cerca de la persona amada, ocurren emociones fuertes hacia el otro, pudiendo incluso llegarse a idealizar al enamorado. Los miembros de la pareja se sienten en un estado idílico de felicidad, todo a su alrededor cambia, se sienten alegres, divertidos, más vivos que nunca. Pero estas sensaciones y sentimientos tienen fecha de término, según la biología pueden durar como máximo 3 años en una pareja, luego de pasado este período, se entra irremediablemente a la segunda etapa de las relaciones de pareja que algunos teóricos llaman “Amor maduro” o “Amor verdadero”.
Es en la transición de una etapa a la otra donde la mayoría de las parejas fracasan, cuando comienzan a ver al otro tal cual es y las emociones fuertes desaparecen, por lo que las cosas se enfrían y suceden las rupturas.
Ocurre con frecuencia que uno de los enamorados pasa antes que el otro a la segunda etapa y no sabiendo bien qué hacer con esta sensación, abandona el interés y se lanza nuevamente en la búsqueda de emociones fuertes, el otro miembro de la pareja puede interpretar esto como “se cansó de mi, se aburrió, me abandonó”, pero es más bien una cuestión de ritmos, tarde a temprano desaparece el enamoramiento y cada pareja ve cómo resolver este hecho, la manera en que lo resuelve depende estrictamente de los recursos con que cuente cada uno.
Entonces, ¿Qué hacer para mantener el amor en el tiempo y poder vivir el Amor verdadero?
Ser pareja es mucho más que el enamoramiento de la primera etapa, por eso en mi opinión lo primero y más importante radica en comprender que la felicidad en la relación de pareja es un trabajo personal más que en conjunto. Para poder vivir la etapa de Amor verdadero es necesario tener un grado de responsabilidad de uno mismo, entender que nadie es culpable por las cosas que me suceden y comprender que cada persona es dueña de sus sentimientos. Esto es aprender a no acusar a los demás por mis emociones, si alguien me causa daño, es porque yo lo permito en alguna medida, y en el otro sentido, tampoco hacer responsable a l otro de mi felicidad ya que es un proceso individual e intransferible.
En definitiva para lograr una relación satisfactoria y duradera se deben sanar todas las carencias afectivas producidas por la historia con los padres, los vacíos emocionales deben ser en un primer momento reconocidos y luego reconstruidos, para lograr amar al otro sin dependencia, en libertad.
Una de las herramientas más útiles y efectivas para sanar las carencias afectivas o vacios emocionales, es la terapia psicológica. El proceso terapéutico que propongo en estos casos tiene como objetivos ayudar a la persona a valorarse a sí misma, comprender sus errores y sanar sus dolores para descubrir al amor verdadero, ya que no es solo importante encontrar a la persona indicada sino que también ser la persona indicada. Siempre digo a mis pacientes que nadie nos enseña a ser felices, es algo que debemos aprender, sin embargo esto requiere de mucha valentía y humildad. Estamos acostumbrados a culpar a los demás de nuestras frustraciones y dolores pero la clave está en mirar en nuestro interior, aprender a cambiar aquello que está mal en nosotros y nos hace sufrir para encontrar el amor verdadero en libertad.
Alexitimia: la incapacidad de entender las emociones
La
afirmación “no sé si tengo mucha hambre o mucha rabia” refleja cuán
difícil es para muchos el saber lo que realmente sienten. Esto se
denomina alexitimia.
Características de las personas alexitímicas:
1.- Identificar emociones: les cuesta diferenciar, describir y nombrar sus emociones y las de otros. Es común que confundan o duden acerca de qué nombre ponerle a lo que sienten. Por ejemplo, no distinguen si su estado actual es de entristecido o enrabiado. Esto se torna más claro en sus relaciones de pareja o con sus hijos, dificultándoseles leer en ellos sus signos emocionales y expresiones faciales, por lo que no captan qué es lo que les sucede.
Foto: Agencias
2.- Diferenciar entre emociones y sensaciones corporales:
aquello que sienten dentro suyo se les confunde con la respuesta
corporal que muchas veces acompaña ese sentimiento, siendo esto último
más fácil de identificar por ellos. Por esto, es común que estas
personas se relacionen más fácilmente con su cuerpo que con su mente y
emociones. Por lo mismo, es posible que su dolencia, en un principio
emocional, pase a ser física, ya que es un modo más cercano a ellos
mismos. Aquí surgen dolencias como las jaquecas y dolores estomacales
entre muchos otros.3.- Problemas para fantasear e imaginar: se les dificultad el poder soñar y participar de una experiencia más lúdica. Por ello, y debido a no tener suficientemente desarrollada su capacidad emocional, a estas personas les es más fácil vincularse con otros y con el mundo en términos concretos, ya que es un terreno seguro y conocido. A la inversa, el soñar, imaginar, jugar y fantasear resultan tareas poco gratas y disfrutables, lo que los puede hacer sentir aislados y con serios problemas para proponerse objetivos a futuro. Esto será especialmente evidente en tareas que necesiten de estas cualidades, apartándose de ellas. Comúnmente también, elegirán ocupaciones que no requieran tanta demanda en esta área.
4.- Reflexionar acerca de sus experiencias: por lo mismo, son en general personas impulsivas y con tendencia a externalizar sus conflictos y llevarlos a un campo más concreto y de rápido término, y por lo mismo, difícilmente llegan a elaborarlo adecuadamente. Esto se visualiza en aquellos que evitan continuamente detenerse a analizar sus problemas, y actúan más bien de manera rápida y sin pensar.
5.- Dificultad para relacionarse afectivamente con otros: ya que les es sumamente difícil leer las emociones ajenas, les es también difícil empatizar con otros, lo que los lleva a tener conflictos interpersonales a menudo y sin mucha resolución. En este sentido, es común que mantengan pocas relaciones afectivas, y que las existentes puedan estar caracterizadas por dependencia emocional y problemas de comunicación
Tratamiento
Muchos se pueden sentir identificados con la descripción anterior, o visualizar fácilmente a un familiar o amigo. La pregunta aquí es ¿qué hacer?, ¿cómo prevenirlo con mis hijos?
La mejor forma de enseñarle a nuestros hijos a saber qué sienten, esto es ayudándoles a nombrar sus emociones desde el primer día. Debemos estar atentos a ellos, y cuando algo les pase (se enojen, se entristezcan, se alegren, se frustren, se aburran, etc.) lo mejor es poder decírselos, así ellos aprenden qué nombre tiene aquello que les sucede. Por ejemplo: “¿estás triste porque se rompió tu juguete?”, “veo que estás muy contento de que juguemos juntos”. Este ejercicio se puede repetir al contarles un cuento o historia. Hagamos el ejercicio de añadir emociones y sentimientos en los personajes que les relatamos. Esto los ayudará a entender y practicar la empatía.
Del mismo modo sucede con los adultos. Una buena y fácil práctica es añadiendo más “estados mentales” a nuestras conversaciones. Esto es, incorporando frases y palabras que aludan a como nos sentimos o se siente el resto. Con el tiempo es posible mejorar así la forma en que nos conocemos y expresamos de lo que nos pasa a nosotros mismos y al resto.
Si consideras que necesitas ayuda, puedes consultar por psicoterapia. La alexitimia es una dificultad que se puede trabajar y mejorar con el tiempo.
Trampas de la mente: ¿Qué pasa si nos ponemos en el lugar del otro en vez de condenarlo?
En este
artículo les quería presentar uno de los muchos fenómenos estudiados por
la psicología social y cómo eso afecta sus vidas diarias, me refiero al
llamado “sesgo actor-observador”.
Probablemente ya se comienza a entender de qué es que estamos hablando. Se le llama sesgo actor-observador al fenómeno cognitivo involuntario por el cual se tienden a atribuir erróneamente causas personales, individuales, o “internas” a la conducta del resto y asimismo atribuir la propia conducta a factores “externos” fuera de nuestro control. Este efecto fue descubierto y trabajado extensamente en los años 70’s, y actualmente también existen varias investigaciones al respecto.
Foto: Internet
En
nuestro básico caso de ejemplo podemos ver que el llegar tarde en el
caso de observar a otro, se le atribuye fácilmente a factores de la
personalidad, o de la mala intención de nuestro amigo. Se nos hace más
difícil pensar que pueden haber influido variables contextuales
(externas). Sin embargo, cuando se trata de la propia conducta en
nuestra calidad de actores, son estos factores externos los primeros que
se presentan a la mente cuando queremos explicar nuestros
comportamientos y motivaciones.
Proceso presente en muchas instanciasSi bien nuestro ejemplo es bastante básico e inocuo, este mismo proceso de pensamiento se hace presente en muchas otras instancias del diario vivir. Por ejemplo en el trabajo, el jefe tiende a atribuir los errores o fracasos a que el trabajador tuvo la mala voluntad, que es incompetente, o hasta puede llegar a pensar que es una mala persona. También pasa con los propios compañeros, fácilmente pensamos que el resto hace las cosas mal porque son tontos, o flojos, pero en lo que a nosotros mismos respecta nos equivocamos porque no nos explicaron bien, o porque teníamos otras prioridades fuera de nuestro control.
También lo podemos ver en las relaciones de pareja, es típico oír que una persona se queja de los atributos o de la conducta de su pareja sin pensar en el contexto en el que se dan… Pero cuando piensa en su propia mala actitud o conducta, siempre logra atribuirlo a un factor externo a sí mismo/a (“él/ella es enojón/na” vs. “él/ella me provoca”).
Tomando esto en cuenta, se puede ver inmediatamente que este tipo de error profundamente involuntario es el responsable de muchos de los problemas y malos entendidos que tenemos diariamente en diversos contextos. Y, si bien es un fenómeno sobre el cual tenemos escaso nivel de control, sí es posible evitarlo de vez en cuando tomando ciertas precauciones.
Por ejemplo detenerse para preguntarse a sí mismo cómo se habría comportado uno en el caso del otro, o qué factores del contexto están influenciando los comportamientos del otro, o en última instancia pensar cómo responderían otras personas a situaciones similares. En todos los casos, detenerse un poco a pensar la situación más detalladamente y pensar al otro como una persona tal como uno, puede ayudar muchísimo a prevenir desencuentros, malos entendidos y hasta conflictos abiertos. Este sesgo también se asocia comúnmente al error fundamental de atribución y al sesgo de autoservicio.
¿Cuándo los celos se vuelven algo patológico?
Muchas
personas piensan que los celos son una muestra de amor, sin embargo a
veces este sentimiento puede llevar al total descontrol de la vida y las
relaciones.
Estas personas desarrollan sentimientos de celos tan intensos que son el centro de su vida, de su forma de actuar y pensar. Descuidan sus familias, su trabajo, sus estudios y su relación de pareja con tal de confirmar su idea delirante, de buscar “su verdad”.
Foto: Internet
Generalmente
, las personas que padecen celotipia suelen discutir con su pareja al
intentar comprobar la infidelidad imaginada, piensan demasiado y en todo
momento en su delirio, tanto que se obsesionan con la idea de que les
están siendo infiel, pueden llegar a coartar la libertad de movimiento
de su pareja, seguirla, agredirla o investigar al supuesto amante.Suele ser un trastorno crónico del tipo persecutorio, la persona vive en una especie de paranoia, donde todas las cosas que ve y escucha las interpreta a favor a su creencia delirante de que le están siendo infiel. No se abre a la duda, piensa que jamás se equivoca, su sospecha de infidelidad se confirma a cada momento. Para el celopatico todo sirve de prueba que pone en evidencia el engaño de que es víctima. Y aquí un punto importante, la persona se siente la víctima de la situación cuando en realidad es él quien es el agresor, no asume su responsabilidad en sus ideas fuera de control, no se da cuenta que está enfermo.
Una manera de tratar la celotipia es por medio de psicoterapia, el primer paso hacia la recuperación consiste en aceptar que se está enfermo y que se requiere de ayuda, la persona tiene que asumir el sufrimiento que se causa a sí mismo, a su pareja y a los demás.
Generalmente las personas celotípicas son personas que no saben amar de manera adulta, son muy dependientes afectivamente y tienen una enorme falta de auto estima. En el fondo de sí mismo, el celoso oculta una persona débil, dependiente, insegura, falto de autonomía. Es un niño que no soporta la idea del abandono, la idea de que lo dejen solo. Su auto estima es tan baja que siente inconscientemente que todos los demás son más importantes que él, que en cualquier momento lo pueden cambiar por otra persona, porque él no vale. Esa misma inseguridad hace que el celoso se aferre al objeto de su amor con toda su fuerza, pasando por alto la independencia de la otra persona, no sabe amar porque en realidad no le interesa la felicidad del otro, sino solamente que no lo abandone.
Una persona con una buena autoestima no siente celos, cree en sí misma y en su propio valor, sabe que el amor no se retiene, sino que se cultiva a través de la confianza, la entrega y la apretura hacia el otro. Se respeta a sí misma y por ende respeta a su pareja. Cree en la dignidad del ser humano, se ama a sí mismo y es así como puede amar desapegadamente a los demás.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)